Hay algo que últimamente me llama mucho la atención: la necesidad que tenemos como sociedad de aparentar.

Parece que hoy en día no basta con que te vaya bien. También tienes que demostrarlo. Publicarlo, presumirlo y asegurarte de que los demás se enteren.

Y ojo, no tengo absolutamente nada en contra de que alguien disfrute lo que ha conseguido trabajando. Al contrario, qué bueno que pueda darse sus gustos, viajar, comprarse un buen carro o vestir como le dé la gana.

El problema, desde mi punto de vista, comienza cuando haces todo eso no porque realmente lo quieras, sino por el famoso «qué dirán».

Por querer encajar en un círculo social. Por querer demostrar que tienes una vida que, muchas veces, ni siquiera puedes mantener.

Y ahí es donde algunas personas terminan endeudadas, preocupadas y metidas en problemas por sostener una imagen frente a los demás.

¿Realmente vale la pena?

LA VIDA NO ES UNA COMPETENCIA DE PUBLICACIONES

Creo que las redes sociales han venido a empeorar un poco esta situación.

Hoy parece que tenemos que publicar absolutamente todo lo que hacemos. A dónde vamos, qué compramos, dónde comemos, con quién estamos y hasta qué estamos tomando.

Como si entre más publicaras, más estatus tuvieras.

Y no me malinterpreten. Cada quien es libre de compartir lo que quiera. Yo también uso las redes sociales.

Pero una cosa es compartir un buen momento y otra muy distinta es sentir la necesidad de demostrar constantemente que tu vida es mejor que la de los demás.

A veces me pregunto: ¿estamos disfrutando lo que vivimos o estamos más preocupados por que los demás vean que lo estamos viviendo?

Porque, al final, las redes sociales muestran lo que cada quien decide enseñar. No necesariamente todo lo que está pasando detrás de una fotografía.

COMO TE VEN, TE TRATAN

Ahora, tampoco voy a venir aquí a decir que las apariencias no importan.

Desgraciadamente, vivimos en una sociedad donde muchas veces como te ven, te tratan.

Y eso es una realidad.

En ciertas situaciones, especialmente en el mundo de los negocios, la manera en que te presentas puede influir en cómo te reciben.

Hay momentos en los que necesitas proyectar cierta imagen.

Pero para mí existe una diferencia muy grande entre cuidar tu presentación y vivir aparentando algo que no eres.

Puedes tener dinero, disfrutar de ciertas comodidades y, aun así, ser una persona de bajo perfil.

No tienes que andar demostrando todo lo que tienes.

De hecho, personalmente me gusta más esa manera de vivir.

Porque una cosa es tener y otra muy distinta es necesitar que todos sepan que tienes.

¿QUÉ ES REALMENTE TENER ÉXITO?

Esta es una pregunta que cada persona seguramente respondería de manera diferente.

Para algunos, el éxito puede ser tener mucho dinero, grandes empresas o propiedades.

Y está bien. No tiene nada de malo querer progresar económicamente.

Pero para mí, el éxito es una combinación de varias cosas.

Es estar bien con tu familia. Es estar bien con tus amigos. Y, sobre todo, estar bien con Dios.

Creo que cuando tienes esas partes de tu vida en orden, ya tienes mucho de lo que verdaderamente importa.

¿De qué te sirve tener el mejor carro o la casa más grande si no tienes tranquilidad?

¿De qué te sirve que todo el mundo crea que eres exitoso si tus relaciones personales están hechas pedazos?

El dinero es importante, claro que lo es. Nos permite vivir mejor, tener oportunidades y disfrutar muchas cosas.

Pero no creo que deba convertirse en la medida de lo que valemos como personas.

LA VIDA ES UNA RUEDA DE LA FORTUNA

Hay otra cosa que nunca he entendido: las personas que cambian su manera de tratar a los demás dependiendo de cuánto dinero tienen, cómo visten o qué carro manejan.

Eso sí me parece malísimo.

Porque hay algo que nunca debemos olvidar:

La vida es una rueda de la fortuna. Hoy puedes estar arriba y mañana abajo.

Y así como hoy estás en una buena posición, mañana las circunstancias pueden cambiar.

Por eso creo que debemos tratar bien a todas las personas, independientemente de su situación económica o social.

Nunca sabes las vueltas que puede dar la vida.

Y, sobre todo, no creo que tener más dinero o una mejor posición te haga superior a nadie.

LAS CACHETADAS CON GUANTE BLANCO

Les voy a contar algo de mi manera de ser.

A lo largo de mi vida me he encontrado con personas que me han tratado mal o me han hecho alguna mala jugada.

Y muchas veces, cuando esas mismas personas necesitan algo de mí, las ayudo y las trato bien.

Es lo que yo llamo dar una cachetada con guante blanco.

Lo curioso es que hay personas a las que ni así les cae el veinte.

Pero también quiero aclarar algo: que yo trate bien a alguien no significa que tenga que mantenerlo cerca.

Soy una persona que, cuando siente que alguien no vibra conmigo, prefiere alejarse.

Y cuando me alejo, me alejo por completo.

No necesito estar peleando, reclamando o buscando desquitarme.

Simplemente creo que hay personas con las que vale la pena compartir el camino y otras con las que es mejor tomar distancia.

Puedes tratar a alguien con respeto sin darle un lugar en tu vida.

Para mí, eso también es parte de vivir tranquilo.

QUE NO SE TE OLVIDE DE DÓNDE VIENES

Con el paso de los años he aprendido que las circunstancias cambian.

Hoy puedes tener un buen negocio, estabilidad económica y muchas oportunidades. Mañana puedes encontrarte enfrentando problemas que nunca imaginaste.

Por eso hay algo que considero fundamental: nunca olvidarte de dónde vienes.

No olvidar a las personas que estuvieron contigo cuando no tenías lo que hoy tienes.

No olvidar lo que te costó conseguir tus cosas.

Y, principalmente, no olvidar los valores con los que creciste.

En mi caso, muchas de esas enseñanzas vienen de mi mamá. Del trabajo, la constancia, la perseverancia y la importancia de hacer las cosas bien.

Son cosas que no deberían cambiar porque te empiece a ir mejor económicamente.

Al contrario, creo que deberían hacerse todavía más fuertes.

No tengo nada en contra del éxito, del dinero ni de disfrutar las cosas buenas de la vida.

Yo también tengo aspiraciones, sueños y muchas ganas de seguir creciendo.

Lo que no comparto es esa necesidad de sentirse más que los demás por lo que uno tiene.

Al final, cada quien decide cómo vivir.

Yo prefiero rodearme de personas con las que realmente conecto, disfrutar lo que tengo sin necesidad de presumirlo todo y seguir trabajando por lo que quiero lograr.

Y si algún día la vida me pone mucho más arriba de donde estoy hoy, espero seguir teniendo los pies bien puestos sobre la tierra.

Porque puedes cambiar de carro, de casa, de trabajo o de situación económica.

Pero que nunca se te olvide de dónde vienes, quién estuvo contigo y, sobre todo, quién eres.

— GILITO.